Hasta mediados los años setenta la mayor industria de la ciudad era GEA , Grupo de Empresas Alvarez, que llegó a contar con más de cinco mil trabajadores, por encima de la Citroën de entonces. Era, con gran diferencia, la primera fábrica de cerámica de España, exportándose buena parte de su producción a muy diversos países.


Contra lo que algunos puedan pensar, O´Farril no se trataba de un mote a la gallega sino que era el verdadero segundo apellido de Moisés Alvarez, hijo de emigrante de Ourense y de madre antillana de apellido irlandés, Clara O´Farrill, el nombre propio en contradición con el color de su piel.

Moisés Alvarez O´Farril tenía, pues, sangre gallega, afrocubana y, con bastante probabilidad, algo de irlandesa.

Su progenitor, Manuel Alvarez, emigró a Cuba en 1917, donde se sintió atraído por una mulata subida de nombre Clara. Tuvo a su primer hijo, lo llamó Moisés y ya en 1922 regresó para iniciar la aventura empresarial viguesa: un establecimiento dedicado a objetos de decoración en el barrio de Casablanca, muy cerca de donde hoy se encuentra el Corte Inglés.

Posteriormente, en 1927, decidió a crear Manuel Alvarez e Hijos (MAHSA), para comercializar artículos de cristal, porcelana y loza. Y en 1938 se trasladó a Cabral con el objetivo de ampliar instalaciones. Para ya en 1941 iniciar la actividad industrial con la marca Santa Clara, dedicada a la producción de porcelana, una denominación, es de suponer, en referencia a su esposa; pero que también porque era el nombre de la localidad en la que se asentó en la Gran Antilla. Y poco más tarde creó Vanosa, que fabricaba de envases de vidrio. 

El mencionado establecimiento inicial del barrio de Casablanca lo montó Alvarez junto con un socio, Manuel Rey Vázquez. Tras trasladarse el primero a Cabral siguieron caminos diferentes, aunque mantuvieron una fuerte y estrecha amistad toda la vida. Manuel Rey se convirtió, a su vez, en un importantísimo industrial de Vigo, el fundador de Reyman, en Coia, fabricante de artículos de goma y cauchos.

EL HIJO FUE EL ARTÍFICE DEL POTENTE GRUPO DE EMPRESAS

El joven Moisés Alvarez O´Farril fue enviado a Alemania para trabajar como aprendiz en una importante industria cerámica, lo que le proporcionó un conocimiento de la moderna maquinaria y avanzadas técnicas de producción.

Su regreso a Vigo coincidió con la primera etapa de las instalaciones de Alvarez en Cabral, que más tarde se convertirían en unos magníficos edificios obra del arquitecto Francisco Castro Represas, un ejemplo destacado de arquitectura industrial racionalista.

Se puede decir que Moisés Alvarez O´Farril fue el gran impulsor de la obra iniciada por su padre
: importó equipos, potenció la producción y creó nuevas marcas como Royal China y Casablanca. Y así nació el Grupo de Empresas Alvarez (GEA), que en 1962 llegó a facturar por encima de los 5.000 millones de pesetas, contando con 5.000 trabajadores.

Por entonces, cuando Citroën daba sus primeros prometedores pasos en Vigo, GEA montaba su propia red de distribución comercial en España que llegó a alcanzar, en 1963, los 34 establecimientos, algunos de ellos en lugares tan emblemáticos como la Gran Vía madrileña.

TIEMPOS DE GRAN EXPANSIÓN EMPRESARIAL

La década de los sesenta fue excelente para la familia Alvarez. La empresa, en plena expansión, era, con diferencia, la primera industria cerámica de nuestro país. Fue a comienzos de esa década cuando entró en funcionamiento Alfares de Ponte Sampaio (Pontesa), en Arcade, inaugurada por el mismísimo General Franco. Una industria modernísima, con un alto grado de automatización.

Y en 1969 comenzó su actividad Moahsa, en Coruxo, para producir loza para la hostelería. Pero con la llegada de los años setenta se acercaba el fin y el desastre: sobrevino una crisis económica derivada de los precios del petróleo, Moisés Alvarez O´Farril enfermó y la dirección quedó en manos de sus dos hijos.

El Grupo de Empresas Alvarez, sobredimensionado en aquella desfavorable circunstancia económica, comenzó, además, a sufrir la competencia de otras empresas del sector; y, en consecuencia, a reducir considerablemente su cuota de mercado. Una industria que producía gran calidad; pero que en aquellos momentos estaba mal gestionada.

PARA, TRAS VARIAS DÉCADAS, LLEGAR A UN TRISTE EPÍLOGO 

Cuando en 1975 falleció Moisés Alvarez O´Farril - todavía no había cumplido los sesenta años - el fin de sus empresas ya estaba muy cerca. Ante la situación que afectaba a miles de trabajadores, en 1976 el INI se hizo cargo de GEA. Con enormes pérdidas, dos años después la plantilla quedó reducida a 3.000 personas. Una fuerza de trabajo que se fue reduciendo de manera drástica: 1.700 en 1989 y poco más de 1.000 en 1990.

Al final, fracasado el plan de viabilidad, el Instituto Nacional de Industria optó por la privatización. El grupo quedó en manos de un holding valenciano, en realidad unos delincuentes financieros. Y a partir de ahí los conflictos que llevaron a la empresa el abismo: las fantásticas instalaciones de Cabral terminarían por convertirse en edificios abandonados y ruinosos.

Pero sirva esta reseña como homenaje a Moisés Alvarez O´Farril, el mulato cubano, orensano y vigués que creó la primera gran industria en Vigo, que lo era junto con el Astillero Hijos de J.Barreras. Un enorme empresario que está injustamente olvidado cuando no hace tanto tiempo fue uno de los grandes impulsores de esta ciudad.     

Los productos cerámicos de Alvarez, en especial su loza, siguen siendo una referencia de calidad. En Internet existe un comercio de sus vajillas y otros elementos que se anuncian como vintage y algunas de las cuales son auténticas piezas de coleccionistas.

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Vigo debe no poco a Cuba, donde se instalaron e hicieron fortuna dos personajes que luego fueron grandes impulsores de la ciudad en la segunda mitad del Siglo XIX y comienzos del XX, los benefactores José García Barbón y Policarpo Sanz. O que allí labraron el capital inicial para regresar y montar industrias, como - al igual que Manuel Alvarez - el destacado  Antonio Sanjurjo Badía.

Sin olvidar a los numerosos emigrantes que regresaron de la isla con sus familias para establecerse en Vigo como pequeños comerciantes. A los que, transcurridas generaciones, se debe que la impronta genética afrocubana siga estando tan presente en la ciudad entre sus descendientes vigueses, ya se apelliden Pérez, Méndez o García, en algunos casos de forma muy notoria.

Y es que las mulatas, en toda su variedad de tonalidades y encantos, tenían, quizás incluso más que ahora, mucho tirón en aquel ambiente y clima.




Ver también:
LA PERMANENTE HUELLA DE CUBA EN VIGO
 

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