La calle del Príncipe


Casi siempre nos referimos a las familias catalanas que a lo largo del Siglo XIX fueron arribando a Vigo para montar sus industrias de salazón. O a los orensanos que llegaban en oleadas para poblar una ciudad que les ofrecía la alternativa a la emigración; pero con frecuencia nos olvidamos de los castellanos, principalmente de Zamora, aunque también de León, que contribuyeron no poco al desarrollo de la ciudad, en algunos casos tras recalada en Ourense.

Los primeros castellanos frecuentadores de Vigo fueron los arrieros que acudían a la Ribera del Berbés en busca de pescados y pulpo para secar y llevar a la meseta. Que traían consigo mercadurías y productos por aquí demandados, como el pimentón, los ajos, los garbanzos o el comino. Arrieros que tuvieron una gran influencia en nuestra gastronomía, que nos dejaron el "pulpo a la gallega", con su pimentón; la ajada, que es una derivación del ajo arriero, para la "merluza a la gallega"; y los "callos a la gallega", que llevan sus imprescindibles garbanzos y comino.

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Eran recaderos y comerciantes ambulantes algunos de los cuales terminaron por establecerse con tiendas de alimentación; pero sobre todo del ramo textil, ya que en Zamora los telares primitivos producían buenas mantas zamoranas, por ejemplo.

Empezaron por el Casco Vello; pero con el tiempo terminaron por dominar la calle del Príncipe, el principal y privilegiado territorio del comercio de la ciudad. Establecimientos que llevaban los nombres de sus propietarios: Bravo, Olmedo, Carbajo, Romero..., que se dedicaban a los tejidos. Especialistas en zapaterías, en cambio, eran los hermanos Cruces, que lucían nombres poco usuales entre nosotros, como Balbino o Abdón. Mientras que los Bobillo poseían una conocida mercería. Sin olvidarnos de aquellos que, bastante más tarde, frecuentaron de nuevo al Berbés para terminar por convertirse en importantes asentadores.

Son sólo unos pocos ejemplos de este colectivo zamorano de comerciantes que se sumó a Vigo. Con alguna destacada incorporación maragata, como los Barrientos, originarios de Astorga, que rigieron importante librería, crearon una pequeña editorial y de su imprenta salieron la mayoría de las postales de Vigo de los años cuarenta y cincuenta.

Estas familias castellanas de Zamora y León también contribuyeron, en algunos casos no poco, a hacer Vigo.

Otra historia mucho más actual, en esta caso relacionada con la actividad industrial, es la protagonizada por Andrés Vega Alonso, también de Zamora, que arribó a principios de los 50 del pasado siglo para montar un pequeño taller de herrería en el barrio de Teis. Cuando a principios de la década de los 60 la precaria cadena de montaje que entonces era Citroën tuvo un problema con los suministros de armazones de los asientos del 2CV que venían de Francia, el taller de Andrés Vega supo solucionarlo de manera artesanal.

A
quella circunstancia fue el origen de Talleres Viza. Hoy, más de medio siglo después, Viza Automoción hace tiempo que se ha convertido en una de las principales industrias del sector, con plantas en otros países y de las muy escasas surgidas en la ciudad a la sombra de Citroën que permanecen en manos de sus originales propietarios.


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