Hay que empezar por Empanadillas Rufino, el pequeño despacho de la calle López de Neira, un super clásico que abrió sus puertas allá por los años sesenta. Por entonces, tras la apertura, su primer propietario tuvo que sufrir a unos mozalbetes que circulaban por la zona y que disgustados porque encontraban la cebolla del relleno demasiado abundante y sobre todo cruda dejaron de consumirle, para después, cuando pasaban por delante, desde la acera de enfrente gritarle: "Rufino, cebollino".

Aquel que dio nombre al establecimiento salía furioso a la puerta. A los chavales les encantaba la gamberrada. Lo que desconocían es que Rufino frecuentaba por las mañanas una carnicería caballar, la única que existía en Vigo y que se encontraba cuesta arriba, bajo el puente. De saberlo, le hubieran llamado además de cebollino, caballino. O Rufino el equino, cualquier cosa en esta línea.

Las empanadillas del Rufino actual, que son toda una marca con otro propietario, gozan, lo mismo que sus empanadas, de un prestigio ganado y acumulado, contando con una fiel, familiar y veterana clientela. Por algo será.

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Las de Rufino son "para llevar". En cambio, las del mítico Bar Carballo, que se acerca a los cincuenta años de actividad, son diferentes, de mucho menor tamaño y para consumir en barra o mesa. Llegaron a ser casi un fenómeno social de gastronomía viandante en el centro de Vigo, prácticamente un "must", que se dice ahora, de media mañana entre la gente de las oficinas de la zona.

Como otra también muy meritoria historia de éxito empanadillar es la de A Tapa do Barril, en López Mora, ya casi llegando a la Plaza de América. Originalmente O Barril, que comenzó nada menos que en 1970 en un destartalado local en un edificio medio ruinoso en la misma calle. Para treinta y seis años después trasladarse en 2008 al actual amplio emplazamiento.

Sus empanadillas son también de calibre "para llevar", aunque muchos asiduos prefieren consumirlas en el local, donde también ofrecen unas notables raciones de chocos en su tinta. El producto se ha sofisticado: aparte de lo de siempre, ofertan una variada gama de rellenos imaginativos con ingredientes que incluyen, por ejemplo, dátiles que pueden ir acompañados de bacon. Incluso hacen combinaciones a gusto del cliente.

En la playa de O Vao ha resurgido un local renovado con amplia oferta de tapas, ensaladas y montados. Los jóvenes emprendedores de Las Barricas han tenido el acierto de recuperar la famosas empanillas tradicionales del antiguo establecimiento, elaboradas según la fórmula de la Señora Puri, que tantos seguidores tenía desde los años ochenta.

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Los mozuelos que acosaban al primer Rufino, en cuanto pasaron un par de años descubrieron, todavía muy jóvenes, que eso de ir de vinos era divertido y comenzaron a frecuentar el cercano y eterno Bar Basket, en Doctor Cadaval, donde acompañaban sus primerizos tragos con las recortadas empanadillas de tapa.

Pero antes, los domingos, se acercaban al también próximo Bar Miami, un minúsculo local en la calle Lugo, ya hace muchos años desaparecido, donde servían un peculiar - vamos a decirlo así - vino de poco grado y gasificado que llamaban "rosal". La especialidad no eran las empanadillas, sino la ensaladilla rusa (que es de verdad de origen ruso y en todas las Rusias un plato casi tan popular como en España) Debía ser buena la del Miami, porque uno de aquellos jóvenes, bien superados hoy los sesenta tacos, se ha convertido en una especie de loco de la ensaladilla.

Tanto que hasta realiza viajes por España en procura de distintas versiones que le sorprendan, buscando siempre calidad y un atinado punto de vinagre. Mientras que respecto a los vinos no permitió que su paladar resultara deformado por aquel "rosal". Por el contrario, se ha convertido en exigente consumidor de las buenas añadas. Otro mundo del vino.

Aquí no somos de obituarios; pero queremos acordarnos ahora y muy especialmente de Manolo Martínez, el de los "Rusos", nada que ver el sobrenombre con ensaladillas ni con pasteles, sino con autobuses y camiones, fallecido recientemente  y que formaba parte de aquella pandilla juvenil tan aficionada a los iniciáticos vinos, las empanadillas y la ensaladilla. Adiós, Manolo. Ten por seguro que te seguiremos.

Mientras tanto, brindemos.

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