De arriba abajo: el Pazo da Touza; Manuel Pestana antes de ser expulsado de la propiedad; el padre y los hijos que lo desahuciaron encontrándose enfermo: María Jesús (Chiqui) con su hermano Manuel (Cuco) y el pequeño Gabriel (Gabrielito) al volante de un coche de época. 

"YO TRABAJÉ CON ILUSIÓN CONTINUADA HASTA QUE FUÍ EXPULSADO"


En un pasaje del libro también se puede leer:

"Si en adelante alguno de mis hijos quiere suprimir o cambiar los apellidos, aquí se deja citada no sólo mi autorización para hacerlo, sino también mi deseo de que se vean libres de la lacra que les dejó el malvado padre contra su voluntad.
Y en cuanto a los gastos que les ocasione, ya les quedará cantidad suficiente para sufragarlos con sobrada amplitud, dejando aquí constancia de que su padre les quedará muy reconocido si así proceden, pues ello significará que el apellido Pestana no será mancillado en el futuro, pues desaparecerá con el último que tuvo a gala honrarlo, al menos mientras estuvo en este mundo"


Evidentemente, los deseos de Manolo Pestana respecto a la pervivencia de la dignidad de su apellido no se cumplieron. Más bien todo lo contrario, pues al Pestana añadieron Da Silva, otro de sus apellidos portugueses. Lo que de saberlo el fallecido podría interpretar como un último acto de burla o mofa póstuma.

                                     
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Manuel Pestana González
era todo un personaje en el Vigo de los años sesenta y setenta. Gran aficionado a los automóviles, fue el fundador, en el seno del Aero Club, de la Escudería Vigo y del Rally Rías Bajas, un acontecimiento deportivo de alcance nacional e internacional con gran repercusión mediática que en la ciudad se vivía con pasión. De forma paralela, con el tiempo logró reunir una notable colección de clásicos, en total veintisiete, de míticas marcas históricas como De Dion Bouton, Hispano Suiza o Rolls Royce, que tenía la intención de legar a la ciudad de Vigo para iniciar un Museo del Automóvil. Pero no pudo ser.

Nieto del conservero Floro González, con una pequeña industria en Canido, se dedicó desde muy joven a los negocios, casi siempre relacionados con el sector de la automoción, para terminar por levantar lo que en aquellos tiempos era un considerable patrimonio, del que acabó siendo despojado por su propia familia, mujer e hijos.

Ya próximo al final de sus días, en 2001 escribió el libro ¡POR DIGNIDAD! que tuvo no poco impacto en algunos sectores de la ciudad, en el que se narraba - de manera farragosa, puesto que carecía del don de la escritura - el expolio y la humillación sufrida en las últimas décadas. Aportando toda clase de documentos, demostrando así el trato vejatorio e injusto, en ocasiones inhumano desde el punto de vista afectivo, que recibió de su familia a partir de una demanda de separación tramitada por su mujer en 1987. Demanda de la que se enteró cuando, al regreso de un viaje de Bilbao, se encontró en su oficina con la notificación del juzgado. Pero también con la caja fuerte abierta y desaparecidas escrituras de propiedad y documentos, además de todas sus cuentas bancarias a cero.

Lo que fue posible y sucedió porque su esposa, con la que había matrimoniado a finales de los cuarenta, contaba desde 1958 con un documento notarial con los más amplios poderes.

COMPRA, RESTAURACIÓN Y POSTERIOR EXPULSIÓN DEL PAZO

Antes, en Diciembre de 1982, Manolo Pestana había realizado la compra del Pazo de A Touza, en Nigrán, el cual, rodeado de una finca de 28.000 metros cuadrados, se encontraba en estado de semiabandono.

A lo largo de catorce años se dedicó a llevar a cabo una restauración total y rigurosa en el exterior y la completa remodelación del interior, empresa en la que empleó muchísimo dinero. Unas obras que en 1987, estando sus bienes retenidos tras la separación matrimonial, debieron permanecer detenidas durante un tiempo por falta de efectivo.

Por fin, en 1996, cuando ya contaba con setenta y cinco años, pudo instalarse en el pazo, en el cual también se alquilaban habitaciones. Era un sueño, el retiro para la vejez. La ilusión y el bienestar duraron bien poco: con fecha 23 de Julio de 1998 el juzgado emitió una orden de lanzamiento que lo sorprendió enfermo en cama, inmovilizado por una fuerte crisis diabética. La expulsión definitiva se produjo ocho días más tarde, el 31 de Julio. Paralelamente y haciendo gala de lo que podría ser interpretado como una perversión moral extrema, sus familiares le comunicaron que si estaba enfermo se fuera al Sergas y en ambulancia.

Y en ambulancia, en efecto, tuvo que salir del pazo.

La causa legal del desalojo fue que, aunque la mitad de la propiedad seguía siendo suya por gananciales, el comisario dirimente decidió otorgar la administración de la misma a su esposa. La cual, a su vez, aconsejada por su hijo Manuel, el verdadero promotor y muñidor de todas las operaciones, decidió alquilarlo por un periodo de diez años a una empresa hostelera.

El dolor y la degradación de verse arrojado de semejante manera de lo que había recuperado con tanto empeño personal, el refugio para la última etapa de su vida, debieron ser muy difíciles de sobrellevar, como narra. Se vió obligado a trasladarse en régimen de alquiler a una casa próxima.

ESTRATEGIA DE DESTRUCCIÓN PATERNA

Aquí se cuenta muy por encima la historia tomada del libro, ya que es harto compleja; pero se deduce que Manolo Pestana sufrió y fue el epicentro de una conspiración de sus hijos dictada, desde su perspectiva, por el odio y la codicia. Un ensañamiento también provocado por rencores y quizás, en el caso de su hijo Manuel, por traumas sufridos en la infancia. Todo ello traducido en un comportamiento de extrema crueldad hacia el padre que había levantado desde casi nada un considerable patrimonio que ellos, en todo caso, heredarían. Esto es lo que se narra en el libro como una historia digna de una ópera trágica o una trama shekasperiana. A su hijo Manuel Pestana da Silva Sanjurjo, que ahora dice ser "gerente" de una inexistente ONG benefactora, le dedica párrafos como el siguiente:

"Y en cuanto a este hijo que fue artífice de tanto rencor, odio y perversidad, el auténtico promotor de tanta usura y avaricia por obtener el máximo rendimiento económico con el alquiler del pazo y hacerlo precisamente a un plazo mínimo de diez años, para tener la seguridad de que su padre ya nunca pudiera recuperarlo, y ante esta cruel realidad, solo me sale una única palabra: repugnancia (...) y verguenza por tener un hijo de esta catadura moral (...) Y sólo Dios sabe lo que para un padre cuesta decir lo que acabo de expresar"

El detonante de todo lo anterior parece haber sido el ansia de obtener dinero antes de la herencia, ello mezclado, probablemente, con afanes de venganza impulsados por resentimientos acumulados. Utilizando una excusa para activar la destrucción del padre: tenía en Barcelona una amiga - asimismo casada - a la que durante décadas dedicó diez días al año que transcurrían en Menorca. Ese fue el pretexto que provocó la demanda de separación.

Manolo Pestana era un hombre inteligente, inquieto y emprendedor, apasionado de sus cosas, en ocasiones demasiado, con sus virtudes y muchos defectos. Es muy posible que en algún momento hiciese daño a sus más allegados, aunque también se prestó generosamente para ayudar, mediante sustanciales favores económicos, a diversos miembros de la familia de su esposa. En cualquier caso, nadie merece, mucho menos por parte sus propios hijos, un trato tan degradante como el que padeció en la recta final de su vida, con un ensañamiento, siempre según el libro, también por testimonios de personas que vivieron aquello como testigos, que puede hasta merecer el calificativo de brutal.

Por eso sintió la necesidad de contar su peripecia vital. Para, tras sentirse maltratado hasta extremos difíciles de comprender y despojado de casi todo, reivindicar lo que le quedaba: su dignidad.

Una historia realmente insidiosa, en la que se combinan buenas dosis de avaricia, venganza y crueldad.

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Los hijos de Manolo Pestana, María Jesús (Chiqui), Manuel (Cuco) y Gabriel Pestana da Silva Sanjurjo, no sólo no renunciaron al apellido sino que, como se mencionó arriba, añadieron posteriormente ese "Da Silva" que no les correspondía directamente y que pertenece a la familia portuguesa paterna. En cuanto a los Pestana da Silva Gómez-Aller han creado una SICAV a la que han nombrado PUNTAPINOS, el nombre de la finca en la que se crió Manolo Pestana padre, al que algunos compañeros de colegio le llamaban, precisamente, "Manolo Puntapinos". Apodo que conservó para sus amigos de adolescencia toda la vida. Otra especie de escarnio dirigido a la memoria del padre.
                                  
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En 2013, Cuco Pestana, hace tiempo prejubilado, montó con sus hijos una ONGd según ellos para ayudar a niños pobres de Guatemala. Que resultó ser una patraña, UNA FALSA ONG, algo que nunca existió en los registros ministeriales, mediante la cual únicamente trataban de procurarse protagonismo social.
Ver aquí: LA DESCARADA PATRAÑA DE LOS PESTANA DA SILVA

Ver también:
"¡POR DIGNIDAD!" EL LIBRO QUE NO PUDIERON ESCONDER


J.G.F

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