"Vigo y su puerto van unidos en un solo pensamiento. Hablar de Vigo es hablar de su puerto; pensar en Vigo es tener en la imaginación su hermosa bahía. De ella nació Vigo; por ella vive, crece y se desarrolla; por ella ha dado su nombre la vuelta al mundo (...) Que lo que maravilla es origen y fin de grandes efectos, y la bahía de Vigo es una maravilla. Maravilla de espléndida visión  por su excepcional belleza, maravilla de condiciones como puerto natural".

Este texto es de los años veinte y de la autoría de Eduardo Cabello Ebrentz, nacido en Filadelfia de madre americana en 1865. Era un hombre enamorado de la Ría de Vigo a la que había llegado en 1909 para, como Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, ponerse al frente de una recién instituida Junta de Obras del Puerto. Había crecido y se había formado en la estupenda La Habana de antes de la independencia de Cuba.

En aquellos tiempos nuestro puerto contaba únicamente con dos precarios muelles de escasas dimensiones, por lo que los barcos, siendo el tráfico muy intenso debido a la emigración, debían fondear. En 1912 desembarcaron o llegaron en tránsito 25.839 pasajeros, mientras que partieron hacia América 59.963. Y en 1913 se despacharon 733 trasatlánticos, llegando a coincidir hasta seis fondeados en la Ría.

Las operaciones de embarque y desembarque se efectuaban mediante barcazas.

EL GOBIERNO DE PRIMO DE RIVERA DESBLOQUEÓ EL PROYECTO

Al  año siguiente de su llegada a Vigo, el ingeniero jefe de Obras del Puerto ya había desarrollado el llamado Proyecto Cabello, que es básicamente el puerto actual y que no fue aprobado hasta 1913.

Peor aun, las obras no pudieron iniciarse por las continuadas trabas oficialistas impuestas desde A Coruña, donde se encontraban las delegaciones administrativas. No les interesaba su puesta en marcha por dos principales razones: impedir el crecimiento de la emergente, dinámica e industrial ciudad del sur; y seguir acaparando los ingresos que generaba el tráfico marítimo de nuestra Ría, tanto los de recalada como los aduaneros, que eran los que se venían empleando en la construcción del puerto herculino.

En esta situación, en 1923 dio comienzo el periodo de la dictablanda de Miguel Primo de Rivera y el Proyecto Cabello fue por fin desbloqueado, asignando el gobierno de la nación la cifra de treinta y cuatro millones de pesetas de entonces para que las obras se pusieran por fin en marcha.
 
El propio Primo de Rivera visitó nuestra ciudad el 15 de Agosto de 1924 y, de acuerdo con las crónicas de la época, fue recibido con una extraordinaria y entusiasta manifestación de agradecimiento ciudadano. El Proyecto Cabello se pudo así iniciar; pero, dado que continuaban los obstáculos e impedimentos desde A Coruña, las obras avanzaban de forma demasiado lenta para el enorme tráfico que frecuentaba la Ría.

El año 1930, por ejemplo, fue muy señalado, puesto que entraron nada menos de 2.653 buques con un arqueo total en torno a las 8.500.000 toneladas. Vigo seguía sin muelles; y, para colmo, en 1932 un temporal dejó sin utilidad el muelle de hierro (ver aquí), lo que ya había ocurrido diez años antes.

Por contra, en 1933 los actuales muelles del Berbés ya estaban casi rematados en su primera fase.

LAS OBRAS SE PROLONGARON HASTA ENTRADOS LOS AÑOS SESENTA

Aquel mismo año, a los sesenta y ocho de edad, tras veinticuatro al frente de la Junta de Obras del Puerto, se jubiló Eduardo Cabello.

La guerra civil hizo descender drásticamente el moviento de trasatlánticos. Y tras el final de la contienda española, casi inmediatamente comenzó la II Guerra Mundial; pero el Proyecto Cabello tomó un impulso al abrirse en los cuarenta el vial de Orillamar, comunicando así el puerto pesquero con las fábricas y astilleros de Coia y Bouzas.

Y en 1947 recibieron los vigueses una noticia fundamental: la concesión de la Zona Franca. También el tráfico de pasajeros comenzaba a recuperarse, de modo que en 1948 arribaron 105 barcos. Unas escalas que fueron aumentando y que en 1954 ya alcanzaron las doscientas setenta y tres.

Las obras del Proyecto Cabello por fin tomaron un buen ritmo en aquellos años. En ese mismo 1954 ya estaba operativo el muelle de trasatlánticos con sus 550 metros de longitud y doce de calado.

Otras instalaciones, como los muelles del Areal, no se completarían hasta los años sesenta.

El 17 de Abril de 1955, el día que cumplía los noventa años, de los cuales más de dos décadas luchando por nuestro puerto, se le dedicó a Eduardo Cabello Ebrentz un merecidísimo homenaje.

El gran artífice del actual puerto de Vigo fallecería dos años después, en 1957.

Hacia el final de su vida, Eduardo Cabello escribió una interesantísima biografía. La cual, publicada por la Autoridad Portuaria de Vigo, se puede encontrar aquí:
EDUARDO CABELLO

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