La imagen es de finales del Siglo XIX y resulta difusa; pero se puede apreciar la arquitectura de las instalaciones de <b>Cordelera Ibérica</b>, que se encontraban sobre los terrenos de la hoy conocida como Finca Mirambell. Aquella industria fue en su tiempo una de las tecnológicamente más avanzadas de Vigo.

Cordelera Ibérica se instaló en el año 1884, siendo sus impulsores, como no podía ser de otro modo en el Vigo de aquella época, catalanes.

Esta industria fundada por los señores Mirambell, Ferrer y Fontenills
llegó a contar con 60 operarios, de ellos un buen número especialistas ingleses que manejaban la maquinaria de vapor y el utillaje más avanzado de la época, importado de las Islas Británicas.
 
Se trataba de una factoría moderna y con una gran capacidad de producción, amén de una reconocida calidad en sus productos, por lo que en el año 1889 recibió una medalla de oro en la Exposición Universal de París.
 
Sin embargo, la Cordelera Ibérica tuvo que cerrar en los primeros años del Siglo XX como víctima directa de la pérdida, en 1998, de las Islas Filipinas, puesto que de allí procedía su materia prima, el cáñamo. Que a partir de entonces resultaba mucho más caro al tener que importarlo de países bajo otros poderes coloniales, lo cual ya no le permitiría a esta industria resultar competitiva.

AISLAMIENTO Y FÁBRICAS DE SALAZÓN Y CONSERVAS

La cordelera se vio obligada a cerrar en 1903. Los casi veinte años que estuvo en funcionamiento también fueron posibles gracias a que contaba con muelle propio para recibir la materia prima y expedir sus productos, ya que Canido vivía en aislamiento por tierra, pues no existía ninguna carretera de la costa y el enlace con la de Baiona era únicamente apto para caballerías y carros de bueyes.  Y por mar se encontraba a una hora de vapor de Vigo.

A pesar de lo cual desde cuarenta años antes de la instalación de Cordelera Ibérica ya contaba la playa de Canido con actividad industrial mediante una planta de salazón que iniciaron en 1844 los "fomentadores" Agustín Curbera y Gerónimo Riera i Amat.

Más tarde, en el año 1990, otro Curbera, Guillermo Curbera Tapias, al que sucedería su hijo, Guillermo Curbera Solleiro, inició en el mismo emplazamiento la fabricación de conservas de pescado mediante el sistema de cerrado hermético inventado en la Bretaña. Iniciativa a la que se sumaron otros empresarios, aunque con pequeñas industrias que tuvieron corta vida. Entre ellos varios ciudadanos franceses, como los que formaron la sociedad "Dignan Gautier y Compañía"; y posteriormente Henri Chancerelle, bretón que montó plantas en distintos puntos de las Rías Baixas.

En 1910 comenzó un periodo de crisis debido a la escasez de sardina, de modo que en 1915 solo sobrevivía la industria de Curbera. Y así fue  hasta principios de la década de los veinte, cuando, recuperado el nivel de capturas, se instalaron en Canido Floro González Sieiro y Antonio Cerqueira, ambos salazoneros procedentes del arenal de Coia. El segundo era descendiente del ciudadano y comerciante portugués, natural de Caminha, Joáo Baptista Cerqueira Matos, que se había casado e instalado en Vigo.

Por su parte, Floro González era un singular personaje orensano de O Carballiño, todo un emprendedor en territorio marítimo e industrial ajeno, el cual, pese a padecer una acusada minusvalía física, también montó un molino eléctrico, un aserradero de madera y un taller de puntas y clavos. Todas las referencias mencionan su integridad y bonhomía.

Estas tres plantas, las de Curbera, Cerqueira y Floro González fueron las que se mantuvieron en actividad hasta los años ochenta del Siglo XX.

LLEGÓ EL TRANVÍA PERO NO HUBO MUELLE HASTA LA DÉCADA DE LOS CUARENTA

Unas industrias que recibían del mar su sustento de producción a través de la playa, pues Canido no contó con verdadero muelle hasta los inicios de los años cuarenta.

Se trataba de un mundo marinero e industrial que convivía con el marcadamente rural y agrario de la zona alta de la parroquia de Oia, donde en el pasado habían abundado las plantaciones del lino - de ahí Los Liñares - que se utilizaba para producir tejidos artesanales en primarios telares.

Y un mínimo universo que cambió notablemente con la llegada, en 1926, del tranvía-tren de Vigo a Baiona, que vertebró toda la costa y prestó un servicio fundamental a las sucesivas poblaciones en su recorrido hasta el Val Miñor. La carretera desde Samil no se inauguraría hasta bastante más tarde, cuando en 1953 entró en servicio el puente sobre el Lagares. Fue por entonces cuando se empezó a desarrollar, en el entorno de la playa de Fuchiños, la estación de veraneo que con el tiempo daría lugar a la actual zona residencial.

De los pioneros del Canido de carácter industrial hay que mencionar siempre a los miembros de la familia Riera, los descendientes de aquel Gerónimo Riera que con Guillermo Curbera inició la primera industria de salazón, de los cuales varios pasaron más tarde a dedicarse a la hostelería. Como es bien sabido, uno de ellos, Javier Riera, fue un hombre fundamental para el desarrollo de la planta de Citroën en Balaídos, el cual, en su época como director de la misma, debido a su iniciativa y gestiones consiguió que se convirtiera en un centro piloto productor de modelos en exclusiva, gracias a lo cual se convirtió en lo que es hoy, la primera planta en producción de todo el grupo PSA Peugeot Citroën.

B.C

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EN AQUEL CANIDO DE ENTONCES (y II)

En un excelente trabajo de su autor, Bernardo Vázquez, para una mayor información sobre la historia de San Miguel de Oia y Canido ver aquí:
MEMORIA DE OIA


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